Doctrina

LA ESPECIFICACIÓN DE AQUINO

La arquitectura del capital santificado

Un Manifiesto Doctrinal y Operacional

 

 

I. El Preámbulo: La Unidad de la Visión

Rechazamos el dualismo moderno que separa el motor económico de la ley moral. Afirmamos la verdad inicial de San Juan Pablo II:

 

“La fe y la razón son como dos alas con las que el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad; y Dios ha puesto en el corazón humano el deseo de conocer la verdad —en una palabra, de conocerse a sí mismo— para que, conociendo y amando a Dios, los hombres puedan también llegar a la plenitud de la verdad sobre sí mismos. (San Juan Pablo II, Fides et Ratio, Bendición inicial)

 

En el ámbito del capital, esto no es una metáfora; es un imperativo operativo. La Razón (Ratio) analiza las causas materiales y eficientes de un negocio (balances, flujos de caja). La Fe (Fides) ilumina las causas formales y finales (la naturaleza del negocio y su fin último). Invertir con una sola ala es volar en círculos, chocando inevitablemente con consecuencias imprevistas. Postulamos que la Recta Razón (Recta Ratio) y la Ley Divina no son fuerzas opuestas. Son el estándar unificado de la Realidad.

 

 

 

II. El diagnóstico: el error de la complicidad pasiva

El enfoque estándar para la asignación de capital —el índice "neutral al mercado" (p. ej., el S&P 500)— es una falacia teológica. Presupone que el capital puede ser neutral. Pero Santo Tomás Aquinas enseña que ninguna acción humana que provenga de una voluntad deliberada es moralmente indiferente (Summa Theologiae, I-II, q. 18, a. 9).

 

Al comprar el índice, el inversor participa en una cooperación sustancial con las acciones específicas de las empresas que lo componen. Cuando estas empresas promueven la destrucción de vidas, la disolución de la familia o la explotación de los vulnerables, el inversor pasivo proporciona la liquidez que sustenta estos desórdenes. Benedicto XVI nos advirtió explícitamente:

 

“...toda decisión económica tiene una consecuencia moral.”

(Benedicto XVI, Caritas in Veritate, n. 37)

 

Reclamar la “diversificación” como excusa para financiar el mal intrínseco es sacrificar el Alma.

en aras de una desviación estándar reducida. Es un fallo de la prudencia, que actúa como

“auriga de las virtudes” (ST II-II, q. 47).

 

 

III. El método: el veto ontológico

Introducimos el Veto Ontológico. Esto no es simplemente "excluir el pecado". Es un reconocimiento de la naturaleza del mal. Como define Santo Tomás, el mal es privatio boni: una privación del bien que debería estar presente (ST I, q. 48, a. 1). El mal es una falta de ser; es un defecto estructural.

• Fragilidad: Una empresa que se beneficia de la adicción es estructuralmente frágil; se basa en la esclavitud de su base de clientes.

• Suicidio: Una empresa que se beneficia de la esterilidad (aborto/anticoncepción) es estructuralmente suicida; destruye la futura fuerza laboral y la demanda del mercado de la que depende.

Por lo tanto, nuestra exclusión de estas entidades no es solo un deber moral, sino una estrategia superior de gestión de riesgos. No solo evitamos las empresas "malas", sino también las entidades ontológicamente defectuosas y en conflicto con el orden natural.

 

 

IV. La Proposición: Resiliencia a través de la Ley Natural

¿Por qué es superior una cartera alineada con la Ley Natural? Porque la Ley Natural es el manual de instrucciones del desarrollo humano. Las empresas que se alinean con esta ley —apoyando la familia, la dignidad laboral y la creación de valor real— se mueven con la corriente de la Realidad.

 

1. Estabilidad: No temen la luz de la verdad ni la corrección regulatoria.

2. Lealtad: Tratan el trabajo no como un mero costo, sino como un objeto de dignidad, siguiendo la prioridad del trabajo sobre el capital (San Juan Pablo II, Laborem Exercens, n. 12). Esto genera lealtad y excelencia operativa.

3. Sostenibilidad: Sirven al bien común, garantizando que su licencia para operar esté basada en la contribución social, no en la extracción.

 

La virtud no es un impuesto al rendimiento; Virtud (Virtus) significa literalmente “Fuerza”.”

 

 

 

V. La meta: la santificación del mundo

Finalmente, rechazamos la idea de que las finanzas sean un mal necesario. Abrazamos la llamada a la santidad universal. Como enseñó san Josemaría Escrivá de Balaguer, debemos santificar nuestro trabajo, santificarnos en él y santificar a los demás a través de él. Invertir es trabajo. Es la administración de los talentos.

 

“La legítima búsqueda del beneficio no entra en conflicto con la obligación de ayudar a los pobres y contribuir a la sociedad... al contrario, si la lógica económica se utiliza correctamente, puede ser un instrumento de solidaridad.” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia)

 

La especificación Aquinas es esta: desplegar el capital con la precisión de un tomista y el celo de un apóstol. Buscamos ganancias no para la acumulación de poder, sino para la expansión del Reino y la libertad de la familia.

 

 

No compramos el pajar. Compramos la aguja. Y la aguja es la Verdad.

 

Santo Tomás Aquinas

El Doctor Angélico y la Filosofía Perenne

Santo Tomás Aquinas (siglo XIII), el "Doctor Común" de la Iglesia, es el principal artífice de la síntesis entre la razón y la fe. Su obra demuestra que la razón puede conocer objetivamente el orden del ser y la naturaleza, mientras que la fe, fundada en la Revelación Divina, eleva y perfecciona el intelecto con verdades que superan la capacidad natural sin contradecirla jamás. Su método es rigurosamente disciplinado: define, distingue, responde a las objeciones y concluye con estricta fidelidad a la realidad.

 

1. Una metafísica realista En el centro se encuentra el realismo moderado: El mundo es inteligible y existe independientemente de nuestra mente.

  • La Persona: Unidad sustancial de cuerpo y alma (hilomorfismo).
  • Moralidad: No se basa en el sentimiento subjetivo o la utilidad, sino en la verdad sobre la persona humana y su fin último (telos).
  • Virtud: No es mera decoración o rutina; es un buen hábito operativo (habitus) que ordena establemente la libertad humana hacia el Bien.

 

2. El marco aristotélico-tomista Es una filosofía del ser. A partir de Aristóteles, Aquinas integra estructuras claves para explicar la realidad:

  • Acto y potencia: explica el cambio y el movimiento (lo que una cosa es ahora versus lo que puede llegar a ser).
  • Las Cuatro Causas: Para entender algo, debemos conocer su Material (de qué está hecho), Formal (qué es), Eficiente (quién lo hizo) y Causa Final (su propósito).
  • Teleología: Toda naturaleza actúa con un fin; el cosmos tiene un significado intrínseco. Santo Tomás Aquinas profundiza en esto con la distinción fundamental entre Esencia (lo que una cosa es) y Acto de Ser (esse, que es). Las criaturas no son el Ser mismo; participan del Ser, recibido de Dios.
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  • Epistemología: Nihil est in intellectu quod non prius fuerit in sensu (Nada hay en el intelecto que no haya estado primero en los sentidos). La mente extrae universales de la experiencia sensorial; no "crea" la realidad.
  • Ética y Derecho Natural: El bien humano se fundamenta en la naturaleza humana. La razón reconoce las inclinaciones naturales (hacia la vida, la verdad y la sociedad) y formula los preceptos del Derecho Natural. La prudencia (recta ratio agibilium) rige los medios para alcanzar estos fines.

 

3. La potencia del tomismo Su poder perdurable reside en su amplio alcance:

  • Unidad especulativa: Integra la metafísica, la antropología y la teología sin contradicción interna. Refuta errores perennes como reducir el bien a la mera utilidad, la libertad a la licencia o la verdad al consenso.
  • Sabiduría práctica: Proporciona criterios estables para la toma de decisiones: fines adecuados, medios proporcionales, jerarquía de bienes y un realismo sobrio respecto de las limitaciones humanas y el bien común.

 

4. La piedra angular doctrinal: la fe y la razón El principio rector es: ""La gracia no destruye la naturaleza, sino que la presupone y la perfecciona.""

  • La unidad de la verdad: Dado que Dios es el autor tanto de la naturaleza creada (razón) como de la verdad revelada (fe), no puede haber contradicción genuina entre ellas. La verdad es una.
  • La Norma Definitiva: Si bien la razón es un instrumento necesario, la Revelación Divina —salvaguardada por el Magisterio— es la regla suprema, pues la Primera Verdad no puede engañar ni ser engañada.
  • Corrección del error: Si una conclusión filosófica contradice la Revelación, es señal de que la razón ha errado en su proceso, no de que la fe sea irracional.
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